Lunes, 27 Noviembre 2017 14:34

Miles de feligreses rinden culto a la Virgen de La Bella

 

 

 

Comenzó la Festividad de la Virgen de La Bella en la antigua ciudad colonial de Arani con una peregrinación de miles de devotos y fieles catolicos que llegaron hasta la zona del Calvario para rendir culto a la Virgen Morena que es considerada por propios y extraños milagrosa.

 

Arani vive una fiesta. Ayer se iniciaron los tres días de celebración de la Virgen La Bella de Arani. Comenzó con la peregrinación al calvario y finalizará con la cacharpaya. Días intensos en los que sus devotos llegan ante ella para pedir o devolver sus favores.

Miles de feligreses y peregrinos que llegan desde distantes partes de Bolivia y el mundo, a partir de este miercoles 23 de agosto rendirán culto a la Milagrosa Virgen de La Bella Patrona del Valle.

La fiesta religiosa de Arani se realiza del 23 al 25 de agosto. Se espera la llegada de 100.000 feligreses los tres días, además de la participación de 48 fraternidades que expresarán su devoción con danzas, informó la alcaldesa de Arani Dunia Rojas Mamami.

Según la leyenda, la imagen de la Virgen La Bella apareció en el cerro de Arani a una pastorcita. La niña contó la revelación y relató con énfasis sobre la belleza de la Virgen. Desde entonces cientos de personas van a pedirle diferentes milagros.

Este miércoles 23 de agosto se realizará el tradicional calvario. El 24 es la fiesta central con una misa al mediodía en el templo de San Bartolomé y luego se realiza la procesión por la plaza 24 de noviembre.

Finalmente, el 25 de agosto se realizará la fiesta de la Cacharpaya o despedida con la participación de 48 fraternidades folclóricas del valle alto.

Por otro lado, se pretende impulsar diferentes lugares y aspectos turísticos de la región. Entre los más importantes están: el pan, la iglesia de San Bartolomé y el convento de Collpa Ciaco, los dos últimos son consideradas valiosas piezas patrimoniales, pero en descuido.

La tradicional fiesta de la Virgen "La Bella" congrega a miles de creyentes de esta advocación de la Virgen María, quienes llegan hasta los pies de la imagen sagrada para pedirle salud y prosperidad.

La alcaldesa de Arani, Dunia Rojas aseguró que no sólo se trata de una fiesta religiosa sino también de una fiesta de encuentro, de unidad en la que cientos de personas llegan hasta ese municipio, para agradecerle a la virgen por todos los favores concedidos.

La fiesta de la Virgen La Bella que se celebra por mas de cuatrocientos años en la población de Arani, por el contexto cultural su culto es algo muy particular y distinto. Antiguamente, los peregrinos o devotos acudían a su santuario durante todo el mes de agosto, particularmente los días previos y posteriores al 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María y el día 24 de agosto, para cumplir con sus promesas.

Los peregrinos que acuden a la fiesta de la Virgen La Bella van con la gran esperanza de días mejores, de salud espiritual y de bendiciones en el trabajo y en la producción agrícola.

La devoción mariana de La Bella llegó al Valle Alto de Cochabamba, hace mas de 400 años, conocido en ese entonces con el nombre genérico de «Valle de Cliza», en concreto a la población de Arani hacia fines del siglo XVI, con los primeros españoles que se asentaron en esta región. Los informes episcopales de mediados del siglo XVII, ya dan testimonio del culto y de la existencia de un santuario dedicado a Nuestra Señora La Bella en Arani.

Asimismo, la veneración de la Virgen La Bella en Arani, también, está relacionada con la leyenda y la tradición oral que afirma de la aparición de la Virgen a la orilla del río, y cuya imagen habría quedado plasmado en una piedra, que aún hoy se conserva en la capilla de su calvario.

El templo parroquial de San Bartolomé de Arani, santuario de la Virgen La Bella, guarda en su recinto la imagen tallada en madera y policromada, que presenta un rostro maternal con rasgos autóctonos de una mujer morena. Y como su nombre indica, es una de las imágenes más bellas de la Virgen María. Según la tradición la imagen fue traída de España, pero, no existen documentos escritos que certifiquen este hecho.

La advocación mariana de Nuestra Señora La Bella es una de las más antiguas, no sólo del Valle Alto sino también de Charcas, actual territorio de Bolivia. Su devoción pronto se difundió y popularizó entre los habitantes del valle cochabambino, y entre los viajeros que se dirigían hacia la ciudad de La Plata, las minas de Potosí y al Oriente, ya que por la población de Arani atravesaba uno de los caminos más importantes que comunicaba con estas regiones.

Según el párroco del pueblo, Lázaro Torrico, la Virgen fue traída al territorio que hoy es Bolivia por los curas franciscanos en el siglo XVI. Existen indicios para sostener que los españoles residentes en el valle de Arani, especialmente los muy devotos de la Virgen de Lepe en Huelva, España, iniciaron la devoción de La Bella, difundiéndola entre los cristianos de la región. “Hay otra versión relacionada con una leyenda que habla sobre la aparición de la Virgen a orillas del río. Se cree que su imagen quedó plasmada en una piedra, que aún se conserva en la capilla de su calvario”, explica el cura.

Durante los siglos XVII, XVIII y XIX, la devoción a la Virgen La Bella se difundió y se popularizó entre las poblaciones del Valle Alto cochabambino, pero también entre los creyentes de la zona andina de occidente y los devotos del oriente boliviano. Por ello, los araneños dicen orgullosos que La Bella “tiene más años que la de Urkupiña”. “Fue agasajada mucho antes que la Virgen de Urkupiña, su romería convocaba a más fieles hasta que un accidente de tren se llevó la vida de casi todos los que iban a Arani en 1945. Entonces la celebración araneña decayó mientras que la de Quillacollo ganó en fieles”, explica la responsable de Culturas de la Gobernación cochabambina, Estela Rivero. Hasta que Arani recuperó sus tradiciones, entre ellas el festejo en honor de su patrona.

Éste es un pueblo con aires coloniales, que conserva sus viviendas de barro con techos de tejas. Los comunarios se dedican principalmente al agro: plantaciones de papa, maíz, trigo y cebada hacen al paisaje araneño. Por estas tierras, previo a la llegada de los españoles, moraban los grupos étnicos chuis y cotas.

En la actualidad, en este municipio de 191 kilómetros cuadrados con 64 comunidades conviven más de 11.000 personas. Su recinto religioso es uno de los más antiguos de Cochabamba, data del siglo XVII, fue construido en 1605, cuando se creó el arzobispado de Santa Cruz. Por su arquitectura, platería y retablos fue declarado Monumento Nacional y Patrimonio Colonial de Cochabamba, en 1945.

El templo guarda en su recinto la imagen tallada en madera y policromada de la patrona del pueblo, que presenta un rostro maternal con rasgos autóctonos de una mujer morena. Y como su nombre lo indica, es una de las imágenes más bellas de la Virgen María.

Arani se encuentra dentro de una ruta turística articulada por la Dirección de Culturas de la Gobernación del departamento, que busca reflejar la riqueza patrimonial de la región desde el convento de Santa Teresa en la ciudad de Cochabamba hasta la ciudad colonial de Totora. Los otros municipios involucrados son Cercado, Tarata, Cliza y Villa Rivero. En cada uno de ellos se piensa realizar como mínimo un proyecto de restauración de alguna de sus obras patrimoniales.

La previa de la fiesta, la noche del viernes 22, se vivió entre fuegos de artificio, música y bebida en la cima del calvario, en cuya capilla aguardaba la efigie de la Virgen rodeada por decenas de religiosos. “No es parte oficial de la celebración, pero sí vale como una bienvenida”, señala Franz. Fue también una jornada de rezos y promesas.

El 23 de agosto es el día del calvario, celebrado con una romería acompañada por la venta de miniaturas en todo el trayecto de cruces que consta la empinada subida a tres kilómetros del pueblo. Junto a la capilla, algunos comerciantes dan forma a pequeños terrenos demarcados con piedras, los que son ofrecidos a los feligreses entusiastas por un precio de 10 a 20 bolivianos. Mientras más grande el terreno, mayor el pago de los creyentes.

El día del calvario transcurre entre música, comida y bebida para los religiosos, hasta apenas llegada la noche, pues a las 19.30 La Bella debe descender de su capilla, entre alabanzas y oraciones, hacia la iglesia de San Bartolomé, donde una misa aguarda por ella. Allí los concurrentes le acercan desde objetos personales hasta miniaturas para ser cubiertos por su manto, a la vez de humectarse con las gotas que lanza el cura desde su ramillete de agua bendita.

Paralelamente, en el mercado popular, a tres cuadras del templo, la festividad continúa con comida para todos los gustos —donde sobresalen el chicharrón, la wathia y la arveja uchu, acompañado por las chichas kulli y amarilla, néctares del valle— y una amplificación que hace escuchar cumbia villera. Según los lugareños, la celebración continúa “hasta que las velas no ardan”.

La fiesta patronal, en la que los devotos visitan a la Virgen y participan en la solemne procesión por las coloniales y polvorientas calles del pueblo, se realiza el domingo 24. Desde muy temprano, la iglesia se llena de creyentes, y una banda de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) introduce música litúrgica al acontecimiento desde el atrio del templo religioso.

Fuera del recinto, comerciantes de estampitas, rosquetes, panes, muñecos hechos de lana y de pulpa de durazno obran en una auténtica feria de bagatelas. Para ellos es una forma de vida. “Hay mucha gente que llega y quiere wawas. Con estos (muñecos) que nosotras tejemos tienen que ir a donde la Virgen y besarle su manto”, explica doña Agustina, sentada en su puesto frente a la parroquia abarrotada de peregrinos.

Otra infaltable a la cita es doña Delia Rojas, madre de Franz, nuestro guía. Ella cuenta algunos relatos que guarda desde que tiene uso de razón. “Mi papá fue a la Guerra del Chaco y nos contaba que le rezaba mucho a la Virgencita. Siempre recordaba que, en una batalla, las balas pasaban por su lado, algunos de sus compañeros murieron pero él seguía vivo. Cuando volvió, sano y salvo, se hizo más creyente todavía y es lo que nos inculcó a todos sus hijos”, relata.

Finalmente, el tercer día, lunes 25 de agosto, se celebra la kacharpaya (voz quechua que significa despedir o despedirse), con la entrada de las diversas fraternidades folklóricas que arriban desde pueblos vecinos y de la ciudad de Cochabamba.

 

Para la celebración de este año se dieron cita cerca de 50 agrupaciones folklóricas movidas al compás de huayños, cuecas y zapateos, danzas típicas de los valles cochabambinos. “También se festeja el quinto día con el trueque, en el que los pobladores de los municipios vecinos intercambian sus productos agrícolas. Pero ya es una fiesta más local, entre comunarios”, comenta Franz, quien junto a su esposa compró un muñequito de lana, de esos para encomendar un retoño, que llenos de fe hicieron bendecir. (Fausto Colpari)

 

 

 

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